Los reptiles "saborean" el aire con su lengua bífida


El dragón de Komodo (el lagarto mas grande del mundo), se alimenta sobre todo de carroña y puede detectar un cuerpo en descomposición a una distancia de 400 metros. Lo consigue "saboreando" el aire con su lengua, no olfateándolo con la nariz.
Como todos los varanos, el gran dragón de Komodo, de 3 metros de longitud, tiene una lengua bífida que mete y saca continuamente de la boca, captando diminutos rastros olorosos que hay en el aire.
Al meter la lengua, la presiona contra una parte conocida como órgano de Jacobson, ubicado en el paladar, donde unas células sensibles a determinadas sustancias químicas le permiten descifrar los olores.


Igualmente, las serpientes no solo huelen a través de sus fosas nasales, sino que también "saborean" el aire con los llamados órganos de Jacobson, que son dos depresiones con  terminaciones nerviosas situadas en el techo de la boca. Cuando sacan la lengua, recogen moléculas de aire, y el apéndice bífido favorece el transporte de los aromas. Así consiguen detectar a cada lado del cuerpo pequeñísimas concentraciones de moléculas olorosas.
Para las serpientes venenosas esto es fundamental, ya que habitualmente muerden a su presa y después siguen su rastro hasta que ésta muere o queda inmovilizada.